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Federico García Lorca
Lengua y Literatura - Ensayos
Escrito por Lavinia Husar   
S√°bado, 21 de Abril de 2007 15:59
 Le dedico este trabajo a mi abuelo.
Federico Garc√≠a Lorca es, sin duda alguna, el m√°s universal poeta espa√Īol contempor√°neo. Nacido en la villa granadina de Fuente Vaqueros, en 1898, y muerto asesinado en Granada, en 1986, su obra es incluso popular, tanto por lo que se refiere a poes√≠a como a su teatro. Libros como Romancero Gitano han hecho de Garc√≠a Lorca un poeta constantemente original como al mismo tiempo de f√°cil acceso. Y esto es as√≠ por lo que respecta a los lectores espa√Īoles y extranjeros. La universalidad de Garc√≠a Lorca se debe a que, por sus altas cotas l√≠ricas, su poes√≠a conoce m√ļltiples traducciones. Si en Espa√Īa Garc√≠a Lorca es un poeta muy le√≠do, tambi√©n lo es en los pa√≠ses en los que m√°s se conoce, en cuanto a literatura espa√Īola. Desde su inicial Libro de Poemas, hasta Poeta en Nueva York, Garc√≠a Lorca nos dej√≥ una obra perenne en poes√≠a y en originalidad de estilo inimitable, por m√°s que haya creado escuela.

M√°s all√° de los motivos populares, anecd√≥ticos o circunstanciales, los poemas de Lorca tratan de forma recurrente unos pocos temas: la muerte, el amor, el paso del tiempo, la inocencia frente a la fatalidad y al odio, la rebeld√≠a contra la injusticia, la compenetraci√≥n humana con el paisaje. Como se ve, son temas muy comunes a muchos otros poetas. ¬ŅEn qu√© consiste, entonces, la originalidad o al menos el car√°cter particular de la obra de Lorca? Sin duda, en el modo de tratar esos temas. No s√≥lo en la forma de la expresi√≥n, en la parte m√°s visible del poema (que trataremos enseguida), sino tambi√©n en la configuraci√≥n del contenido, es decir, en la manera de presentarnos esos temas: c√≥mo es ese amor, qu√© rostro tiene esa muerte, qu√© lugar ocupa la inocencia en el mundo lorquiano, c√≥mo se comporta el paisaje, etc√©tera.

Es necesario tener en cuenta que raramente aparece un tema en solitario. Todos ellos se manifiestan entrelazados, aunque sobresalga uno u otro, seg√ļn el objetivo inmediato del poema. En Llanto por Ignacio S. Mej√≠as la muerte es el tema central, pero por momentos o√≠mos la voz de la inocencia humana rechazando la visi√≥n de la tragedia: ¬°Avisad a los jazmines / con su blancura peque√Īa! / ¬°Que no quiero verla!

Por otra parte, con frecuencia estos temas parecen estar tratados de forma inesperada. Por ejemplo, Lorca habla de un paisaje, y en el desarrollo del poema puede parecer el tema del amor insatisfecho o el de la muerte presentida, como si se le impusieran al propio autor. Se trata, pues, no sólo de temas abordados premeditadamente, sino de preocupaciones muy hondas y hasta de obsesiones. De ahí que en ocasiones el tema está disuelto en una atmósfera -- inconcreta pero significativa -- de imágenes.

El paso del tiempo es uno de los temas clásicos de la poesía universal. El poeta es ante todo un ser sensible a acontecimientos que pasan inadvertidos para los demás o que, aun siendo detectados, nadie había logrado expresar con palabras. Hechos tan simples como el paso de las horas o la sucesión de los días, pueden ser experimentados por un poeta como verdaderas aventuras impuestas por la naturaleza, o incluso como cataclismos. Lorca expresa así la pérdida de las horas pasadas:

El pasado se pone

su coraza de hierro

y tapa sus oídos

con algodón de viento.

Nunca podr√° arranc√°rsele

un secreto.


P√°g. 2

El tiempo no aparece en su obra sólo como un fenómeno histórico, sino también, y sobre todo, como una íntima condición de la existencia presente. Como dice Federico García Lorca, "el vivo misterio de una flor individualizada y perecedera, o la roca junto al agua, eran para él dimensiones más vivas del tiempo que el fluir de los grandes acontecimientos". Así, la sencillez con que aparece este tema conectado a esos seres perecederos hace que el lector no lo advierta en primer plano (véase por ejemplo en "Historias del viento" [18]. Otras veces el tema del tiempo va contenido en referencias claras como relojes, horas, madrugadas o noches, a menudo personificadas y con intenciones diversas.

Veo sin duda cómo le miraba

el reloj detenido en su caja


√ćntimamente relacionado con el tiempo est√° el tema de la muerte. Si el tema inquieta es porque lo empuja todo hacia el fin, de forma irreversible. Desde el primero hasta el √ļltimo de sus libros, Lorca habla de la muerte, y lo hace como si la considerase un hecho temible, s√≠, pero cotidiano e √≠ntimo. En eso, como en tantos otros aspectos de su obra, Lorca conecta con la cultura rural y con las tradiciones art√≠sticas populares, en las que la muerte es un ingrediente inevitable. Si el paso del tiempo hac√≠a violencia al poeta, la muerte se le presenta a cada paso como una amenaza permanente:

Por todas partes

yo

veo el pu√Īal

en el corazón.


Para Lorca, la línea que separa a la vida de la muerte puede ser atravesada en cualquier instante:

Me separa de los muertos

un muro de malos sue√Īos.


Con frecuencia, en la poesía lorquiana la muerte tiene forma violenta: peleas, asesinatos, suicidios y decapitaciones recorren unas páginas en las que, como contraste, también encontramos la muerte enigmática, la que no sabemos cómo ni por qué se produce ("El emplazado").

Para Lorca, la muerte no es un tr√°nsito hacia otra vida, sino un l√≠mite absoluto que no despierta reacciones de tipo religioso. Independientemente de los probables sentimientos religiosos del poeta -- nada ligados a ning√ļn dogma, por otra parte -- la muerte que asoma a sus poemas no deja lugar a la esperanza. En todo caso, a veces, da paso a una especie de segunda naturaleza personal fundida con el paisaje:

Si muero

dejar el balcón abierto.

P√°g. 3

S√≥lo el amor es, en la obra lorquiana, una fuerza comparable a la de la muerte. Un amor muy humano, carnal, nada idealizado que, como la muerte, est√° presente en cada p√°gina. Pero el amor de estos poemas viene marcado por signos adversos: la intensidad del deseo va acompa√Īada por unas ansias de comuni√≥n afectiva, de pureza intencional, que dif√≠cilmente pueden ser satisfechas. Como resultado, el deseo debe elegir entre la satisfacci√≥n superficial y la pasi√≥n retra√≠da, las dos igualmente frustrantes. Esa frustraci√≥n se hace violencia √≠ntima y se expresa en sus primeros libros todav√≠a envuelta en un juego de im√°genes brillantes:

En la puerta de una aguja

est√° mi amor ¬°girando!

Pero ya en Poeta en Nueva York y en Div√°n del Tamarit se desborda en versos desgarradores:

Ni la noche ni el día quieren venir

para que por ti muera

y t√ļ mueras por m√≠.


Como vemos, el amor y la muerte andan muchas veces entrelazados en los versos de Lorca.

De ese amor insatisfecho brotan temas como la rebeldía contra las imposiciones sociales y los prejuicios que agrandan la incapacidad de amar plenamente.

El paisaje, rural o urbano, tiene una parte fundamental en la obra de Lorca porque mantiene, como la tela de un cuadro, todos los otros temas, y cobra un colorido acorde con la voz que habla en cada momento. De ahí que la naturaleza se cargue de símbolos que se orientan hacia aquellos temas (la luna como símbolo de la muerte; el agua como sugerencia sexual, etc.), y que casi siempre aparezca revestido de cualidades humanas, hablando, llorando, participando activamente en el desarrollo del poema.

En ese paisaje hay tipos humanos recurrentes: el jinete, el marinero, la mujer sin amor, etc. Entre ellos el m√°s significativo es el ni√Īo. La infancia que el poeta invoca una y otra vez, representa la inocencia radical de ese Lorca que habla del amor limpio y de la muerte inmerecida:

El ni√Īo y su agon√≠a frente a frente

Y en ese ni√Īo que tanto aparece en sus versos podemos ver, si no un claro autorretrato, s√≠ un reflejo de su personalidad.

 

El lenguaje

Ya hemos se√Īalado el empe√Īo que puso Lorca en controlar su indudable "facilidad de pluma" para llevar sus palabras a cauces acordes con sus aspiraciones y convicciones estil√≠sticas. En ese esfuerzo, el poeta tuvo dos apoyos capitales: por un lado, el lenguaje de la copla popular, sentencioso, salpicante y lleno de sugerencias; y por otro, la brecha abierta por Juan Ram√≥n Jim√©nez en el camino de la depuraci√≥n formal de la poes√≠a.

Lorca, como sus compa√Īeros de generaci√≥n, bebi√≥ en el manantial inagotable de nuestro clasicismo. Ecos de G√≥ngora y de Lope aparecen a menudo en sus versos. Y en los cl√°sicos -- y m√°s all√°, en los cancioneros medievales -- encontr√≥, adem√°s, antecedentes de la copla medieval/tradicional.

P√°g. 4

Conviene subrayar esas dos caras, la popular y la culta, del lenguaje lorquiano. Toda expresión próxima a las coplas callejeras por las intimidades domésticas está engarzada en versos cuya elaboración responde a la técnica más culta. Y las imágenes más complejas y oscuras pueden servirse del lenguaje más cotidiano y próximo: Madre siempre bromista. Vecina del perejil prestado.

En la poesía de Lorca apenas tienen cabida las abstracciones. Como dice Miguel García Posada, nuestro poeta "renuncia a la expresión conceptual discursiva" y "contempla el mundo desde la percepción de lo concreto, desde una conciencia que puede ser denominada sensorial". Así, su lenguaje establece con el lector un contacto emocional muy directo:

Voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.

Voces antiguas que cercan

voz de clavel varonil.


Para que ese contacto sea más universal, los objetos, los animales o los fenómenos de la naturaleza se comportan de forma personal. Los seres humanos -- y entre ellos el lector -- se ven así envueltos en un mundo de dimensiones inusuales:

Andamos

sobre un espejo

sin azogue,

sobre un cristal

sin nubes.


Las imágenes poéticas de Lorca muestran la realidad inmediata con rasgos inesperados que nos hacen verla misteriosa y, sobre todo, emocionante:

Noche de cuatro lunas

y un solo √°rbol

con una sola sombra

y un solo p√°jaro.


En sus √ļltimos libros, las im√°genes se acumulan y se hacen m√°s ambiciosas: pretenden llegar con palabras al fondo de la realidad m√°s dolorosa, un lugar donde lo √ļnico claro es el sufrimiento:

¬°Esa esponja gris!

Ese marinero recién degollado.

Ese río grande.

Esa prisa de límites oscuros.

Ese filo, amor, ese filo.


P√°g. 5

Pero aunque en Poeta en Nueva York y en Diván del Tamarit ese tipo de imágenes sea predominante, el mecanismo interno de cada una -- esa distorsión de sentidos que se aproxima al surrealismo -- no era nada nuevo en la poesía de Lorca. En el Romancero gitano podemos encontrarlas:

La tarde loca de higueras

y de rumores calientes.


En esa √ļltima parte de su obra se concentran todos los s√≠mbolos que hasta entonces el poeta hab√≠a hecho suyos. Entre ellos podemos destacar, por su recurrencia, la luna, que en los versos de Lorca simboliza con frecuencia a la muerte; el caballo, s√≠mbolo de la potencia vital; el agua, que corre con resonancias er√≥ticas o el Sur, lugar ideal donde la luz y el calor ayudan a vivir. Pero debemos tener en cuenta que las correspondencias simb√≥licas no son nunca mec√°nicas: la presencia de la luna tambi√©n puede tener en ocasiones valores positivos, y el caballo llega a ser por momentos s√≠mbolo de la muerte. Cada uno de esos elementos tiene que ser analizado en el contexto que lo configura como s√≠mbolo; ninguno responde a una receta prefijada y obligatoria. Por otra parte, Lorca incorpora a su poes√≠a un legado simb√≥lico muy antiguo: la sangre que representa a la vida, el caballero perdido que simboliza el caminar ilusionado y tr√°gico de la vida humana, la noche que prefigura a la muerte, el espejo que declara el enga√Īo de la identidad, etc.

 

La métrica

Lorca era un versificador habilisimo. Los juegos de palabras, las rimas insólitas y los ritmos más sonoros saltan de su pluma -- y de su trabajo de revisión -- con una fluidez portentosa:

Sobre la noche canto.

Cantaré

aunque estéis dormidos.

Cantaré

por todos los siglos

de los siglos. Amén.


La estructura básica que empleó en lo que hemos llamado su primera época es la canción: varias estrofas asonantadas enlazadas por un estribillo todo en verso de arte menor. Sobre ese esquema, Lorca ensayó muchas variantes: estribillo de inicio y fin, estrofas sin estribillo, estrofas sin rima, pareados, etc. Una de las variantes más desarrolladas es la composición breve de rima asimétrica (véase "Sur").

El romance lorquiano encierra los recursos más clásicos de este tipo de poemas: distribución en paralelo, secuencias de dos o de cuatro versos, arranque en medio de la anécdota para sintetizar sus momentos más críticos y preparar un final muy cuidado, personajes con halo mítico, diálogos, etc. Esos recursos están fundidos a la cadena de imágenes lorquianas, que en los romances brilla especialmente. Lorca utilizó esta estrofa-poema no sólo en el libro mencionado, sino en otros libros de poesía ("La sangre derramada" [47] es un romance con variantes) y en sus obras de teatro.

El verso libre, que llega a veces al versículo, está empleado sobre todo en Poeta en Nueva York. A veces, los versos de métrica irregular se enlazan por medio de las rimas (así ocurre en "Luna y panorama de los insectos" [40]) e incluso, entre los versos más irregulares aparecen endecasílabos y alejandrinos sueltos.

P√°g. 6

Pero Lorca no se aparta nunca totalmente de aquellos ritmos populares. Hasta en un libro tan personal y atormentado como Diván del Tamarit leemos versos que parecen brotar de una canción infantil:

Vecinitas, les dije:

¬Ņd√≥nde est√° mi sepultura?

En mi cola, dijo el sol,

en mi garganta, dijo la luna [46]

Valoración de la obra de Lorca


La obra de Lorca ha despertado entusiasmos ciegos, recelos de todas clases y rechazos inflexibles. La aceptaci√≥n m√°s rendida se ha dado fuera de nuestro pa√≠s: despu√©s de Cervantes, Lorca es el escritor espa√Īol m√°s conocido en el extranjero. Eso quiere decir, en primer lugar, que la universalidad de su obra ha vencido las limitaciones inevitables de la traducci√≥n, pero tambi√©n significa que se ha le√≠do sobre todo la parte de su obra m√°s asimilable al pintoresquismo folcl√≥rico. Adem√°s, las circunstancias de su muerte elevaron su figura al altar del martirio a manos de la barbarie, un lugar que le corresponde -- como a tantas otras v√≠ctimas an√≥nimas de barbaries diversas -- pero que no es el m√°s apropiado para apoyar en √©l la lectura de ning√ļn libro.

Su figura y su obra acompa√Īaron, de manera forzada, a una lucha pol√≠tica leg√≠tima pero poco escrupulosa en materia literaria. El mito adquiri√≥ proporciones y detalles imaginarios que habr√≠an hecho indignarse al propio Lorca. Pero mientras tanto, la lectura rigurosa de su poes√≠a -- de toda su poes√≠a -- y el estudio de los archivos conservados por su familia han ido borrando aquella imagen que en realidad no hac√≠a m√°s que simplificar una personalidad compleja y una obra diversa, rica y en parte inacabada. Y en esa nueva lectura su poes√≠a no hecho m√°s que afianzarse ante los estudiosos y ante los nuevos lectores. Sin ning√ļn tipo de pedestal extraliterario, por derecho propio, Lorca es hoy reconocido dentro y fuera de Espa√Īa como uno de los m√°s grandes poetas del siglo XX. Como tal lo han reconocido las generaciones de poetas aparecidas en nuestro pa√≠s desde los a√Īos 60, es decir, desde que la justificaci√≥n pol√≠tica empez√≥ a perder valor. Igual que ocurre con la obra de otros autores, cada lector puede preferir una parte u otra de la obra de Lorca, pero todo buen degustador de poes√≠a encuentra en el poeta granadino p√°ginas dignas de relectura constante y de memorizaci√≥n. Tanto por la belleza de sus im√°genes como por la hondura de los sentimientos que expresa, Lorca nos lleva siempre tan lejos como pueda llevarnos la mejor poes√≠a de todos los tiempos.

Romance de la luna



Del Romancero gitano

Romance de la luna, luna

a Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El ni√Īo la mira, mira.

El ni√Īo la est√° mirando.

 

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos


y ense√Īa, l√ļbrica y pura,

sus senos de duro esta√Īo.

 

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

 

Ni√Īo, d√©jame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrar√°n sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

 

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

 

Ni√Īo, d√©jame, no pises

mi blancor almidonado.

 

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el ni√Īo,

tiene los ojos cerrados.

 

Por el olivar venían,

bronce y sue√Īo, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

 

Cómo canta la zumaya,

¡ay, cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un ni√Īo de la mano.

 

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la est√° velando.


Anto√Īito el Camborio



Muerte de Anto√Īito el Camborio

A José Antonio Rubio Sacristán

Voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.

Voces antiguas que cercan

voz de clavel varonil.


Les clavó sobre las botas

mordiscos de jabalí.

En la lucha daba saltos

jabonados de delfín.

Ba√Ī√≥ con sangre enemiga

su corbata carmesí,

pero eran cuatro pu√Īales


y tuvo que sucumbir.

Cuando las estrella clavan

rejones al agua gris,

cuando los erales sue√Īan

verónicas de alhelí,

voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.

* * *

Antonio Torres Heredia.

Camborio de dura crin,

moreno de verde luna,

voz de clavel varonil:

¬ŅQui√©n te ha quitado la vida

cerca del Guadalquivir?

Mis cuatro primos Heredias

Hijos de Benamejí.

Lo que en otros no envidiaban,

ya lo envidiaban en mí.

Zapatos color corinto,

medallones de marfil,

y este cutis amasado

con aceituna y jazmín.

¬°Ay, Anto√Īito el Camborio,

digno de una Emperatriz!

Acuérdate de la Virgen

porque te vas a morir.

¡Ay Federico García,

llama a la guardia civil!

Ya mi talle se ha quebrado

como ca√Īa de ma√≠z.

* * *

Tres golpes de sangre tuvo

y se murió de perfil.

Viva moneda que nunca

se volver√° a repetir.

Un √°ngel marchoso pone

su cabeza en un cojín.

Otros de rubor cansado

encendieron un candil.

Y cuando los cuatro primos

llegan a Benamejí,

voces de muerte cesaron

cerca del Guadalquivir.


 

P√°g. 9

Antes de editar sus libros, Lorca ya hab√≠a dado a conocer muchos de sus poemas a trav√©s de su publicaci√≥n, en revistas con las frecuentes lecturas que de ellos hac√≠a ante sus amigos m√°s cercanos o incluso ante el p√ļblico de ateneos y asociaciones culturales. Cuando sali√≥ a la calle Romancero gitano, Lorca era ya el famoso autor de "La casada infiel" o de "Muerte de Antonio el Camborio". Esa fama de poeta de los gitanos lleg√≥ incomodar a Lorca, que nunca hab√≠a pretendido caracterizarse de esa manera y que repet√≠a: "el gitano es para m√≠ un tema nada m√°s". Las protestas del autor no pod√≠an remediar el efecto fulminante que produce la lectura de estos poemas, construidos con una precisi√≥n y una elegancia insuperables:

Silencio de cal y mirto.

Malvas en las hierbas finas.

La monja borda alhelíes

sobre una tela a pajiza.


√Čste es el libro m√©tricamente m√°s unitario de Lorca. El autor se propuso fundir en √©l la forma narrativa del romance tradicional con la complejidad del lirismo moderno. Aunque cada romance contiene una an√©cdota concreta, los hechos narrados est√°n reducidos a sus rasgos b√°sicos, muy difuminados y envueltos en met√°foras.

Los giros populares y las im√°genes m√°s atrevidas se entretejen en el Romancero gitano como efusiones naturales de una voz antigua y sab√≠a. Esa voz habla casi siempre en tercera persona, desde fuera de las escenas, de forma que la interioridad del poetas no parece directamente implicada en sus versos. Ese procedimiento de objetivaci√≥n -- que tambi√©n puede observarse en Poema del cante jondo -- permite a Lorca acent√ļa el dramatismo de las descripciones y de los di√°logos, sin el pudor cuidadoso de las canciones, donde la voz po√©tica podr√≠a identificarse muy a menudo con la subjetividad del autor. El yo que figura en algunos romances corresponde al de personajes ajenos al poeta (v√©ase "El emplazado"). Como juego de distanciamiento, Lorca hace que Anto√Īito el Camborio se dirija a √©l:

Ay, Federico García,

llama a la Guardia Civil.


Todav√≠a sigue siendo Romancero gitano el libro m√°s le√≠do y m√°s famoso de Lorca los personajes que aparecen en √©l, sus tradiciones y su marginalidad no han perdido inter√©s; y a√ļn concedi√©ndole a la autor que su obra no se reduce a este libro, lo cierto es que en √©l consigui√≥ p√°ginas inolvidables para cualquier lector que sea sensible a la magia de las palabras:

Los densos bueyes del agua

embisten a los muchachos

que se ba√Īan en las lunas

de sus cuernos ondulados.


Y los martillos cantaban

sobre los yunques son√°mbulos

el insomnio del jinete

y el insomnio del caballo.

 

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